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Un número cada vez mayor de profesionales de la abogacía y de periodistas fueron hostigados, detenidos y encarcelados. Miles de personas que practicaban su fe al margen de las iglesias que contaban con autorización oficial sufrieron hostigamiento, y muchas de ellas fueron detenidasy encarceladas. Miles de personas fueron condenadas a muerte o ejecutadas. Se negaban los derechos básicos a las personas migrantes que procedían de zonas rurales. Continuó la dura represión contra los uigures de la Región Autónoma Uigur del Sin-kiang, y las libertades de expresión y religión siguieron sometidas a severas restricciones en Tíbet y entre las personas tibetanas que vivían en otras zonas.
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